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Alguna vez alguien me dijo que ciertos libros llegan a la vida de cada persona en el momento adecuado. Para mí lo adecuado en este caso no es más que la posibilidad de identificarse, reflexionar o aplicar algo de lo que se ha leído en experiencias personales. Y justo así fue como llegó Lulú. A mediados de abril, una amiga cercana me dijo: “Te voy a prestar un libro que sé que te encantará”. Al día siguiente puso en mis manos “Las edades de Lulú” de Almudena Grandes. Por su título, imaginé una historia rosa en la que sus personajes girarían en torno al proceso cronológico de una niña llamada Lulú. Así que emprendí una búsqueda inicial (costumbre de muchos, asumo) por encontrar datos sobre su autora y algo de lo que leería en próximas horas de ocio. Descubrí que era una novela erótica, que le dio la fama a su autora y exitosa al punto de ser llevada a la gran pantalla por el director de cine Bigas Luna en 1990. Alisté un separador, dispuse de un lápiz para mi vieja costumbre de rayar libros y comencé a leer una de las obras que más he admirado y que dio lugar a una literatura amena, inteligente.