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En realidad, Viva Colombia había comenzado cinco años atrás, cuando Juan Emilio Posada y William Shaw caminaban rumbo a una notaría y Shaw (exdirector general de British Airways) le comentó al expresidente de Avianca que en su posgrado en Stanford le habían pedido elaborar un proyecto de emprendimiento. Lo primero que se les ocurrió, por supuesto, fue una aerolínea. A ambos les sonó la idea, y lo que sucedió de ahí en adelante no hizo sino confirmarla: Shaw tuvo largas discusiones en su universidad sobre qué modelo y en qué país implementarla, y la respuesta surgió pronto. En Colombia no había modelo de bajo costo.
la familia irlandesa Ryan –propietarios de Ryanair, Tiger Airway y Viva Airbus. Cada uno de ellos, al ver el interés del otro, decidió dar el sí sin dilaciones. De inmediato, y en un mismo día, se sumó el grupo mexicano Lamsa, que trabaja con la familia Ryan en la operación de aerolíneas de bajo costo. Los cuatro empresarios que habían luchado por su idea se unieron para tener el 25 por ciento restante de participación. El 25 de enero de 2011, junto con Miguel Cortés, quien acababa de ser nombrado presidente del Grupo Bolívar, celebraron con champaña el despegue económico del sueño de Viva Colombia.
Observaron el mercado y analizaron que su entrada beneficiaría a todos gracias a que la oferta sería más competida. Tramitaron los permisos de seguridad y las licencias ante la Aerocivil. Y así, comenzaron operaciones el 25 de mayo, con tripulación entre los pasajeros, júbilo, copa de champaña, aplausos, bautizo y un sobrevuelo raso sobre Medellín ante el asombro de la ciudad. En el avión bautizado Dani, en homenaje a la hija del presidente de la aerolínea fallecida una semana antes del despegue, 180 pasajeros vivieron la euforia del sueño cumplido con la alegría de una fiesta. Jacobsen, más mesurado, dijo que su ángel del cielo los acompañaría ahora en sus vuelos y los protegería siempre.