El hombre del agua
Kapax
Los jóvenes y los niños de hoy no lo conocen. Es el Tarzán colombiano que nadó el Magdalena y el Amazonas. Héroe ayer, hoy olvidado, vuelve a la selva y al río.
Aunque muchos no lo crean, sus brazos y piernas todavía poseen la fuerza y el poder de la anaconda. Una mirada inocente de niño y de selva surge de su rostro surcado por el tiempo. Su piel aún palpita de gozo cuando entra en contacto con el agua del río, como un pariente suyo: el delfín rosado del Amazonas. Tiene 53 años y se niega a dejar de ser héroe. No le bastan los más de 2.500 kilómetros que ha nadado por los ríos de Colombia, Perú y Brasil. Hace años nadó como un animal. Pero ya no quiere ser un animal.
Sabe que estos son tiempos de héroes insignificantes. Colombia está en guerra, pero no hay héroes. Sólo víctimas. El mayor heroísmo ahora es continuar vivo en medio de la confrontación armada. Tenemos héroes pasajeros, cantantes, políticos, empresarios, artistas, que tras la fama breve explotan y desaparecen como pompas de jabón. ¿Quién será Ricky Martin u otro de estos ídolos de moda dentro de veinte o más años? Será sin duda un nombre que nadie recuerda... Un hombre gordo de peluca raída que canta sus éxitos de ayer en bares mustios y se queja por la fama perdida.
En Leticia una turista de cuarenta años lo ve por la calle, recuerda la odisea del río y le dice emocionada a su hijo: "¡Mira, hijo, es Kapax! ¡Kapax!". Pero el niño no entiende: ¿Quién es Kapax? "¡Es el Tarzán colombiano!", explica la madre. El niño se confunde aún más y pregunta: ¿Y quién es Tarzán, mamá? La madre calla. Los héroes del pasado no son los mismos héroes de hoy.
A veces Kapax prefiere nadar con las pirañas del río a soportar el desconocimiento ajeno. Aprendió desde niño que cuando el Amazonas crece, se desborda e inunda parte de la selva por largos períodos del año, las pirañas no lo atacarán. Ellas sólo atacan en épocas secas, cuando el alimento es escaso. Jamás lo ha mordido una piraña en los 53 años que lleva viviendo junto al Amazonas. Pero las pirañas humanas son otra cosa: muerden, humillan y nos dejan vivos para seguir padeciendo...
En 1976, a los 29 años, Kapax era un pez. Era el más grande nadador que haya conocido Colombia, América Latina y acaso el mundo. Nadaba como un delfín, como una anguila, como el colosal pirarucú del Amazonas, que es el pez más grande de río con sus cinco metros de largo y su piel sin escamas. Ese año el país conoció a Kapax como un animal del agua. Un animal que recorrió el Río Grande de la Magdalena desde Neiva hasta su desembocadura en el océano Atlántico en tan sólo dos meses. Sesenta días de esfuerzo extremo sorteando la corriente y los remolinos del río que habían devorado y continúan devorando a otros hombres. Nadó como un animal entre siete y ocho horas diarias, ganándole a brazadas cada metro al Magdalena. Nadó más de 1.000 kilómetros de torrentes y le ganó la batalla al río. Nadó por el reconocimiento social, por las felicitaciones, por el dinero. Nadó como un animal porque era pobre. Sigue siendo pobre y ya no quiere ser un animal.
—Yo sabía del río, sabía de la selva, pero no sabía nada del mal que el hombre podía hacerles a los ríos. El río es peligroso, pero el hombre moderno lo es aún más. ¿Cómo es posible que el país haya estado matando el río Magdalena que durante cientos de años le ha dado de comer a Colombia, y nadie haya hecho nada para impedirlo?
En los últimos 24 años el Magdalena se ha convertido en el mayor botadero de basura de Colombia, y Kapax descubrió la conciencia ecológica después de cumplir los 35 años.
—El río tiene su dignidad y los hombres no somos nadie para mancillarla. ¡El Magdalena se está muriendo y nadie hace nada! Esto es una cobardía con el río que tanto nos ha dado de comer. Alemania ha invertido millones de dólares en la recuperación del Rin mientras nosotros le seguimos botando desechos y cadáveres de la guerra al Magdalena. ¿Y así queremos el desarrollo del país?
Cuando habla de los ríos contaminados, Kapax se enfurece y aprieta las mandíbulas y los puños. Luego toma aire, se concilia con la naturaleza abundante del Amazonas y brota como un torrente la valentía que lo hizo nadar como un animal hace años. Una valentía que en él sigue intacta.
—¡Estoy dispuesto a hacerlo otra vez! ¡Estoy dispuesto a nadar otra vez el Magdalena para salvarlo! Pero ya no como un animal, metido en el agua todo el tiempo. Esta vez quiero parar en cada pueblo, en las comunidades que viven en la orilla, para hablarles a los niños de la lucha ecológica que tenemos que emprender para recuperar el río. Los niños son los que pueden salvar al río; los adultos ya fracasaron en eso.
—¿Quiere volver a ser héroe a los 53 años nadando el Magdalena?
—No lo quiero hacer por mí, ¡sino por el río! ¡Por Dios! ¡El Magdalena se está muriendo! ¿Acaso nadie lo comprende? Si tengo que nadar diez veces desde Neiva hasta Puerto Colombia, para que los niños tomen conciencia de que hay que salvar el río, lo haré.
Y quienes le conocen y no han dejado de admirarlo en todos estos años, saben que él es capaz. "Kapax es capaz". El año pasado nadó en seis días 130 kilómetros por el gigantesco río Amazonas entre Atacuaré, límites con Perú, y Benjamin Constant, Brasil. Nadó con el apoyo de un filántropo europeo que quedó deslumbrado con su capacidad física, y su hazaña está en Internet para que nadie lo dude: www.amazonqueen2000.com/kapaxswim.html
—En las grandes ciudades la gente se vuelve vieja a los treinta, a los cuarenta años, y cuando digo que tengo 53 años, todos me creen viejo. Y a mí me da risa. Por eso también quiero nadar el Magdalena para demostrarles a todos qué tan "viejo" estoy. La vejez en la selva significa más sabiduría, el crecimiento de la persona, y no su decadencia. Yo no soy viejo ni estoy viejo; sólo sé más y estoy convencido de que sé enseñarles a los niños cómo cuidar el río mejor que cualquier otra persona.
Lleva 53 años explorando el Amazonas y desafiando a la naturaleza, que aprendió a respetarlo y a vivir con él. Sueños y consejos de un sabio de la selva en la edición de abril de la Revista Diners.