La bandeja paisa
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La
bandeja paisa,
¿el plato nacional?
Si el presidente Uribe puede lograr un segundo período, ¿por
qué no la bandeja paisa? Un escocés toma partido en la polémica.
Por Kendon Macdonald Smith
Fotos Mauricio Ángel
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En
un país con tantos problemas, parece una falta de oficio que una
controversia alrededor de la bandeja paisa llegue a la portada de revistas
de opinión y la primera página de los periódicos. También
es una prueba de cómo el Festival Gastronómico de Popayán
dio comienzo a todo esto.
Fue un argumento entre académicos muy secos para ser de importancia
nacional. Cualquier parecido con los cardenales en El Vaticano, que pasaban
su tiempo antecitos de la Reforma discutiendo cuántos
ángeles pueden bailar en el punto de una aguja, es pura coincidencia.
Pero en el fondo el debate tiene algo de importante: el tema real es sobre
la comida colombiana y qué va a pasar con ella en el futuro.
Todo empezó con una excelente ponencia de Julián Estrada,
el antrogastrólogo antioqueño, cuando en Popayán declaró
la muerte de la bandeja paisa. Según él, en vez de una pena
de muerte es más bien el reconocer que nació mal. Para este
investigador profesional, la bandeja tiene apenas 60 años
y nació en un restaurante, no surgió de la cocina casera:
un callejón sin salida que ha opacado la ricura y la variedad de
la gastronomía antioqueña.
La controversia también viene de la aceptación de la bandeja
casi como el plato nacional. Si al plato nacional se lo define como el que
se puede conseguir en todo el territorio nacional, y si no lo es la bandeja,
¿qué lo es entonces? ¿El deseo insaciable de los paisas
de salir adelante en negocios los ha llevado a abrir sus fondas donde hay
más de dos paisanos? He encontrado uno en un barco flotando en el
río Támesis de Londres, y otro en Edimburgo, Escocia. En una
reciente visita a El Rodadero encontré veinte fondas montañeras
y ningún restaurante de comida del departamento del Magdalena. Con
este grado contundente de conquista, no es exagerado decir que la comida
paisa es la comida nacional.
Otro elemento de su éxito ha sido la cantidad. Si dividimos su precio
por sus calorías, nos da un precio por caloría que es ganador
mundial. Pero esto es un atractivo en tierras donde la gente necesita calorías
y no tiene dinero. O sea: es para el mundo campesino. En términos
minimalistas no tiene igual: ¡una bandeja paisa puede alimentar a
seis japonesas!
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No estoy
de acuerdo en que este plato sea un invento tan reciente. Obviamente ha
evolucionado hasta llegar a donde está hoy. Yo veo como ancestro
e inspiración un plato español, la fabada asturiana, también
un plato campesino con la función de dar a los trabajadores del campo
la máxima cantidad de calorías por el mínimo precio
y el máximo gusto. Se prepara con fríjoles blancos gigantes,
que junto con los colombianos son los de mejor calidad del mundo. Yo jamás
viajo fuera del país sin llevar dos kilos de fríjol cargamanto
en mi maleta. La versión española también utiliza productos
de cerdo como chorizo, morcilla, jamón curado, etcétera, con
la diferencia de que van picados en los fríjoles. Sería interesante
que los historiadores investigaran cuántos asturianos llegaron a
Antioquia.
El plato también está enredado en la colonización del
departamento, que fue muy diferente de la del resto del país donde
se hizo con base en encomiendas y estructuras sociales muy rígidas.
Todavía es muy difícil, por no decir imposible, salir adelante
sin tener un apellido que pertenezca a las quinientas tribus de cachacos.
La colonización de Antioquia tuvo lugar en la mitad del siglo 19
y se realizó a base de puros machetazos. Mientras más machetazos,
más tierra, y con más tierra, más plátano, o
sea que el más fuerte y el de mayor energía fue el que salió
adelante. El secreto del éxito dependía de la versión
de la bandeja que existiera en el momento. Según los historiadores
mexicanos, el éxito de los aztecas tenía que ver con su dieta,
que consistía en maíz tratado con cal, lo que les dio mayor
energía. Algo parecido sucede con la bandeja. ¡Qué mejor
símbolo de esta colonización y luego de la colonización
de la economía y la política nacional!
Pero también tiene otro significado. Aunque el origen del departamento
es igualitario, la situación no es así hoy. ¿Qué
pueden tener en común el residente de la Comuna 13 y el de las torres
altas de El Poblado? No mucho, por no decir que nada. O tal vez sí:
por pobre que sea el pobre, de vez en cuando sí se come una bandeja
paisa. ¿O qué une a los ciudadanos de Medellín con
los campesinos que viven en el noroeste del departamento?: la bandeja paisa.
Es difícil imaginar a los paisas sin su bandeja paisa. Es como los
Estados Unidos sin el Tío Tom. Yo me atreví a decirle a Julián
en Popayán que más bien la bandeja paisa va a asistir
a su entierro antes que pase lo contrario. Pero en su ponencia hay
unos puntos que no se pueden refutar. La bandeja paisa no tiene las condiciones
de la vida de hoy. Después de comerla yo quedo, como una ballena
atrapada en la playa, tirado en la cama mirando el techo durante 24 horas.
¡Ni hablar de la flatulencia! Debemos aprender de los mexicanos y
agregarles epazote a los fríjoles (paico en el español de
Colombia). ¿Pero para qué más energía si los
paisas han colonizado no sólo su departamento sino también
el gobierno nacional y su economía? Hoy la mayoría de la gente
tiene trabajos de escritorio y quiere es eliminar calorías, no subirlas.
Por el lado negativo la bandeja también es el símbolo de todo
lo que anda mal en la gastronomía de Medellín, que está
muy atrasada en comparación con el desarrollo económico. Los
restaurantes acusan a los comensales de ser demasiado conservadores, por
no decir montañeros, y por eso no toman el riesgo de ofrecerles algo
diferente.
Uno no debe tomar posiciones extremas. Estoy seguro de que no fue la intención
de Julián el causar tanta controversia. Creo que le ocurrió
algo parecido a lo que le sucedió al M-19 cuando robó la espada
de Bolívar. Un pedazo de chatarra que a nadie le importaba, se volvió
la causa de una guerra civil.
Pero a los símbolos nacionales no se les puede declarar la muerte,
al menos que sea después de una revolución. Así ocurrió
en la Unión Soviética y en Iraq después de la caída
de sus regímenes. Lo que hay que hacer es modernizar el plato. Personalmente
no estoy de acuerdo con la presencia del huevo frito, que en mi cocina se
limita al desayuno. Curiosamente los dos críticos de los dos restaurantes
paisas de Gran Bretaña están de acuerdo. ¿Será
algo de lores ingleses?
El futuro del plato está en modificarlo o deconstruirlo. Algún
genio de las nuevas generaciones de chefs tiene que usar sus habilidades
para quitarle calorías, pero eso sí, respetando los parámetros.
Lástima que esta nueva generación de chefs tiene como ambición
producir la mejor comida thai del mundo en un país donde no se pueden
conseguir los ingredientes. ¿Genios, no?
Recientemente probé dos experimentos muy interesantes de modernizar
la bandeja. El primero fue de los muchachos de la Facultad de Cocina de
la Colegiatura en Medellín. Volvieron la bandeja paisa una torta
de fríjoles, algo que tiene tradición en nuestra cocina y
que se está perdiendo. Adentro iban los demás ingredientes,
finamente picados. Interesante, ¡pero me seguía llenando! Al
volverse torta, los fríjoles pierden su textura y humedad, dos factores
clave de su éxito.
El segundo fue de Marta Ghitis, una excelente cocinera y repostera paisa.
Ella sirvió su versión en una cazuela. La construyó
en capas. Preparó sus fríjoles tradicionalmente; la carne
estaba desmechada, no molida en la forma rendidora de las mamás paisas;
chorizo y morcilla bebé, y encima ¡un huevo de codorniz! Casi,
pero no. En su deconstrucción faltaba una dimensión. Pero
va por buen camino...
Curiosamente la mejor versión del plato que he probado no fue de
Medellín sino del restaurante El Envigadeño de la Calle 23
con Carrera 5ª, en el centro de Bogotá.
En este 9 de noviembre en la Academia de Cocina Verde Oliva tiene lugar
un debate muy interesante sobre la bandeja paisa y su futuro. Esperamos
que de ahí salga un norte para ella. Estoy seguro de que semejante
símbolo de lo paisa no puede desaparecer. Si el presidente Uribe
puede pedir una segunda oportunidad, también puede pedirlo la bandeja
paisa. |
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