EL ALCALDE MÁS POPULAR
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EL ALCALDE
MÁS POPULAR
SERGIO FAJARDO ES EL ALCALDE MÁS POPULAR DE COLOMBIA Y EL PRIMERO
QUE GANÓ EN MEDELLÍN CON EL VOTO DE OPINIÓN. SU
ADMINISTRACIÓN LE HA BORRADO A LA CIUDAD EL ESTIGMA DE
LA MÁS VIOLENTA DEL MUNDO.
PERFIL Y DECLARACIONES.
Por Sol Astrid
Giraldo
Fotografía: Luis Fernando Ospina
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Después
de un año y medio de haber sido elegido alcalde de Medellín,
Sergio Fajardo está todavía en período de prueba. Fajardo
alcanzó la votación más alta de la historia de la ciudad,
y se da el lujo de ser el gobernante más popular del país
(81% de aceptación según Gallup), superando incluso al presidente
Álvaro Uribe.
La gente trata aún de comprender el fenómeno político
de este antipolítico con mente de Mockus, piel de Peñalosa,
afinidades con Uribe y Navarro, las mejores relaciones con la clase política
colombiana pero también con las ONG, atención del Sindicato
Antioqueño y de los sectores sociales y la complacencia de los medios
de comunicación (el diario El Colombiano lo eligió Personaje
del Año, la revista Semana reseñó su revolución
y la revista Jet Set lo ungió El hombre más sexy del
país). Es un hombre estrato 8 que ganó las
elecciones con el aval de un partido indígena y que ha creado expectativas
en todos los sectores de la ciudad, y mucha curiosidad en el país.
En su inmensa oficina del piso 12 de La Alpujarra, con vista al hervidero
humano de la ciudad, Sergio Fajardo luce satisfecho. Al lado de la ventana
está un inmenso mapa de Medellín con un análisis detallado
e inédito de las condiciones sociales, económicas, culturales
y de violencia de cada lugar y de su índice de desarrollo humano.
Es la carta de navegación para este hombre que asegura tener a Medellín
en la cabeza. Cuando enfrento un reto que pone en juego mis capacidades,
en seguida me apasiono, dice.
Estudiante juicioso (Master of Science y Ph.D. en matemáticas, con
área menor en economía, de la Universidad de Wisconsin-Madison
de Estados Unidos); hijo de un reconocido constructor de la ciudad; profesor
e investigador de la Universidad de los Andes y de otras de Estados Unidos,
Noruega, Argentina y Venezuela, a los 40 años era presentado como
un joven sabio por la prensa. Sin embargo, ni aun en sus momentos
de autismo matemático se le borró de la cabeza la realidad
social. La característica del científico es preocuparse
por el mundo. A pesar de que estaba interesado en las matemáticas,
siempre me gustaron la literatura, la filosofía y los temas sociales
y me llamaba mucho la atención la política. |
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Desde cuando
entró en uso de razón ha tenido un pie en los universos perfectos
de las matemáticas y otro en el cenagoso piso de las realidades sociales.
Sus columnas en la prensa se convirtieron en la herramienta para conectarse
con esa actualidad nacional que siempre lo apasionó. Sus escritos
durante casi veinte años en El Mundo y El Colombiano de Medellín,
El Espectador y la revista Dinero, le sirvieron para tomarle el pulso a
la realidad nacional pero también para que se lo fueran tomando a
él. Y no le faltaron propuestas políticas. Para la Constituyente
un grupo de amigos de la Universidad de los Andes, entre los que estaban
Juan Carlos Flórez y Juan Tokatlián, me propusieron que participáramos
y que yo encabezara una lista, pero no me sentía en ese mundo político
electoral. Más tarde la senadora Íngrid Betancur
me propuso que fuera su líder para la Cámara de Representantes
por Antioquia, pero nunca me llamó la atención el trabajo
legislativo.
Ya en Antioquia, y nombrado Consejero de Paz por el entonces gobernador
Álvaro Uribe Vélez, hizo contactos con sectores independientes
de la ciudad y las ONG y se empezó a gestar un proyecto político
que tampoco fue mal visto por los empresarios antioqueños. Uno
influía en ciertas cosas, pero dependíamos de la voluntad
de quien estuviera en el poder. Por eso nos dijimos: ¿Por qué
no participamos nosotros?. Ese grupo ya lo había intentado
pero nunca había ganado unas elecciones. Faltaba una figura carismática,
y empezaron a fijarse en él. Fajardo no cree que se haya tratado
sólo de eso. Creo que la razón por la cual pudimos avanzar
era que yo no tenía problemas con nadie. No parecía una amenaza
para ningún grupo y podía ser interlocutor de empresarios,
académicos y sectores sociales.
Con la pasión de un científico se dedicó desde 1999
a resolver las ecuaciones de la política. La primera: cómo
subir de cero en las encuestas; cómo pasar de ser un tipo simpático
pero que casi nadie conocía, a ganar la Alcaldía de una ciudad
en la que jamás había pesado el voto de opinión. Esto
le costó desbaratar su vida tranquila y satisfactoria de Bogotá,
dejar una carrera laureada en el mundo académico, separarse de sus
hijos, pasar noches en vela, y sobre todo gastar muchos pares de zapatos.
Todos los días íbamos a los barrios, montábamos
en los buses, asistíamos a los foros, desde el más grande
hasta el más pequeño, y a los cuales no iban los otros candidatos.
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A todas partes llegaba con un discurso que no prometía empleos ni
soluciones mágicas sino que hablaba de cultura ciudadana, espacio
público, participación, seguridad y convivencia, y repetía
la palabra transparencia. Nos ganamos el espacio, y siempre lo digo
con la boca llena: a nosotros nadie nos ha regalado nada. En las primeras
elecciones, en 2000, obtuvo 60.000 votos y fue el palo político.
Y en las siguientes arrasó: 208.000 sufragios, la votación
más alta de la historia de Medellín.
Con su estilo cercano a la gente y ayudado por su anterior vinculación
a medios de comunicación como El Colombiano, del que fue subdirector,
y el programa de televisión local Operación Zanahoria
en el que se mostró inmejorable en el manejo de las cámaras,
ha logrado crear un nuevo imaginario de la figura del alcalde con su actitud
relajada de profesor universitario y sus camisas Polo, bluyines Levi's y
mocasines. Su habilidad en los medios es una característica que sigue
aprovechando. Cada semana se dirige a la ciudadanía desde un barrio
para exponer las acciones de la Administración, con la fluidez de
cualquier presentador de televisión, en programas que ya han empezado
a dar la sensación de sobreexposición: TeleMedellín
-dice un experto- ha dejado de ser el canal de la ciudad y se ha convertido
en el canal de la Administración. Otro elemento importante
de su imagen es su compañera, Lucrecia Ramírez, una psiquiatra
de la Universidad de Antioquia, que en este valle de la silicona y las modelos
les ha declarado la guerra a la anorexia y la bulimia y ha llevado sus combates
a Colombia Moda y los reinados de belleza y ha logrado sustituir el reinado
de las flores por uno de talentos.
Fajardo no está solo, y esto lo recalca con un uso intensivo del
pronombre nosotros. Es la persona más visible de un grupo que lo
acompaña desde un principio y junto con el cual construyó
su proyecto de ciudad. La mayoría de estos colaboradores está
hoy en la Administración. Personas venidas de la empresa privada
y las ONG, escritores y técnicos, periodistas y abogados, compañeros
suyos del colegio, pero sobre todo ciudadanos comprometidos con un nuevo
modelo de desarrollo local sin la presión de los partidos tradicionales,
lo cual no ha dejado de causar resquemor en los círculos políticos.
Concejales como Fabio Humberto Rivera se han quejado: Fajardo en este
sentido no se diferenció ni de los conservadores ni de los liberales.
Formó el Gabinete con los que hicieron la campaña con él,
y hasta la Veeduría Ciudadana le reprocha el no darles el suficiente
juego a los partidos. |
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Fajardo,
que no se deja presionar y más bien es percibido como muy tozudo,
ha reconfirmado a su gente y con ella está tratando de coger el toro
de Medellín por los cuernos. El estilo de su Administración
no ha sido polémico ni tan radical como algunos creyeron. Aunque
ha tenido ciertos enfrentamientos con el Concejo, estos debates por lo general
han terminado por avalar el manejo del tránsito, de los presupuestos
participativos, de los vendedores ambulantes. Pero como la mayoría
de la ciudadanía lo consideraba primo de fenómenos
políticos como Mockus o Peñalosa, no faltó el periodista
que en alguna entrevista le preguntara cuándo se iba a bajar los
pantalones. Fajardo no se los bajó, y más bien se dedicó
a pregonar a los cuatro vientos que en su Administración iba a hacer
cositas chiquitas pero bien hechas. Algunos sectores sociales se santiguaron
porque consideraban que una ciudad con el grado de complejidad de Medellín
no estaba precisamente para cosas chiquitas, como lo expresó
en su momento alguna ONG. Sin embargo Fajardo sabía para dónde
iba. Elaboró un plan de desarrollo en el que hubo una nutrida participación
de la ciudadanía, y se lanzó al agua a su manera.Fajardo
tiene un estilo propio -dice Jorge Giraldo, filósofo y profesor de
la Universidad Eafit-. Es una combinación de ingredientes técnicos
y culturales, pero no tiene la agresividad de un Mockus aunque es más
mockusiano que peñalosista porque aquí el peñalosismo
lo hizo Luis Pérez, el anterior alcalde. Y es que Fajardo recibió
una ciudad tachonada de megaproyectos, con perlas tan exóticas como
una Plaza de Toros con el techo más caro de Latinoamérica,
o el único teleférico del mundo destinado al transporte público,
para no hablar de una mega biblioteca (cuyo costo fue de 19.000 millones
de pesos) dedicada exclusivamente a información sobre ¡los
servicios públicos! Para agravar las cosas, la mayoría de
estas obras estaba sin terminar de construirse ni financiarse (había
un faltante de 260.000 millones de pesos). Fajardo canceló las que
pudo (un estrambótico mariposario) y se dedicó a reorientar
las otras: la biblioteca de las EPM pasó a cubrir otros temas como
ciencia, tecnología y medio ambiente, y el metrocable se convirtió
en el centro de un vigoroso proceso de intervención social, económico
y cultural en la Comuna Nororiental.
Pero su Administración ha preferido concentrarse en proyectos de
intervención social integral con mojones en las cinco zonas más
conflictivas y deprimidas de la ciudad como la Comuna 13 y la Nororiental.
Allí, donde el Estado no había llegado en años, se
están construyendo complejos de bibliotecas, parques, espacios públicos
y centros empresariales con un novedoso sistema de microcréditos
(la red más grande del país, a través de la cual se
otorgarán 55.000 créditos por año). |
Todo
esto descansa también en uno de los colchones más confortable
que hayan tenido los recientes gobernantes de Medellín: la cifra
más baja de homicidios en los últimos 25 años, 373
en el primer semestre de 2005 cuando en 1991 hubo 6.349 homicidios. Aunque
algunos la califican de una pacificación a punta de balas
realizada por los hombres de Don Berna dentro de una hegemonía
paramilitar en escenarios sociales, económicos y culturales, otros
no tienen dudas del protagonismo de la Administración.
El hecho es que Fajardo recibió una ciudad en la que se había
realizado la Operación Orión en la Comuna 13,
que fue la que cambió la estructura del conflicto de los barrios
de Medellín, y en marcha el proceso de reinserción de los
868 hombres del Bloque Nutibara de las AUC, el cual ha sido manejado con
muy buen tino por el Consejero de Paz, Gustavo Villegas, y el secretario
de Gobierno, Alonso Salazar. Tenemos un proceso único en Colombia
-dice el alcalde-. Modificamos el modelo, lo construimos verdaderamente.
Este modelo atiende la parte psicosocial y educativa y ofrece una reinserción
en la sociedad, controlada con encuestas periódicas y judicializaciones
cuando los compromisos no se cumplen. Personas como el citado profesor Jorge
Giraldo opinan que estamos en el momento de la historia de Medellín
en que el Estado ha logrado el mayor control sobre la ciudad gracias a un
esquema de coordinación con la Policía Metropolitana, los
comités locales de seguridad y la Policía Comunitaria que
han ayudado a que los índices de seguridad que encontró Fajardo
se hayan vuelto sostenibles.
La gente de los barrios de Medellín celebra casi como una fiesta
cívica el poder cruzar las calles y las quebradas sin que la maten.
Este hecho social está simbolizado también por elementos físicos
como los puentes y otras obras públicas que se están construyendo
para que la ciudad pueda atravesarse a pie según al anhelo de la
Alcaldía de coser a Medellín. Fajardo planea una
ciudad con muchos espacios públicos llenos de gente (Mientras
más personas haya en la calle, la ciudad será más sana),
donde los niños sean atendidos desde cuando nacen, y el presupuesto
que se invierta en las comunidades sea decidido por todos.
A pesar de que no falta quien -como el urbanista Javier Ramírez-
haya dicho públicamente que hasta el momento apenas si se ha visto
una operación de seducción con poca gerencia;
y mientras algunos concejales y la misma Veeduría se preocupan por
la lentitud de la ejecución de las obras; y con el futuro de las
Empresas Públicas aún por definirse, el 81 por ciento de aceptación
en las encuestas tal vez refleja la opinión de muchos caleños,
como Clara Serna, de la Corporación Región, que aseguran que
Fajardo sigue siendo la esperanza de esta ciudad. |
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