VIAJE AL TAYRONA
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VIAJE
AL TAYRONA
LAS
SELVAS, LAS PLAYAS Y EL MAR
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TAL VEZ NO EXISTA
EN COLOMBIA UN LUGAR DE TAN MAJESTUOSA BELLEZA COMO EL PARQUE TAYRONA.
LA NATURALEZA SALVAJE, EL MAR Y LA SELVA, LA SOLEDAD, Y AHORA EL CONFORT
DE LA MODERNIDAD, PROPICIAN LA MEJOR OPORTUNIDAD DE TURISMO CON SENTIDO
ECOLÓGICO. VACACIONES DIFERENTES.
Por Germán
Santamaría
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Es
allí, en el Tayrona, donde se funde mejor en Colombia el oscuro verdor
de lo primitivo, de lo salvaje, con el confort de la modernidad. Y la soledad
y la quietud vital de un mar apasionado y la inescrutable majestuosidad
de la selva tropical.
Cada ecohab tiene la intimidad de una habitación indígena
tayrona con la comodidad de un hotel de cinco estrellas. Al frente, abajo,
las embravecidas olas que se estrellan contra los acantilados y las piedras
gigantes. También las playas anchas y blancas que se perfilan en
bahías y ensenadas a través del horizonte. Atrás, en
la espalda, alrededor de cada ecohab, el dosel de la selva, el bosque primitivo
con el bullicio de las aves y los insectos. Las colinas se vuelven cordillera,
y en selva cerrada se encumbran en la Sierra hasta los picos nevados a más
de 5.700 metros sobre el nivel del mar.
Es el Parque Natural Tayrona, a tan sólo 34 kilómetros de
Santa Marta, con sus doce mil hectáreas terrestres y tres mil marinas.
Hace cien años el capitán de barco Joseph Conrad quedó
asombrado cuando observó, en uno de sus viajes a los mares del sur,
aquella elevación de montañas que empieza a orillas del mar
y termina en una cumbre nevada a 5.770 metros de altura. Tal vez el capitán
que se convirtió en uno de los mayores escritores de la literatura
marinera inglesa, no supo jamás que la Sierra Nevada de Santa Marta
es la montaña de la Tierra más alta junto al mar, con la única
cumbre de hielo en los mares tropicales que se puede vislumbrar desde los
bordes del océano Atlántico. Fue tanta su fascinación
que cuando dejó de navegar y se dedicó a escribir, tomó
esta montaña colombiana como el escenario de fondo de su gran novela
Nostromo. El autor de El corazón de las tinieblas encontró
en esta montaña la esencia del misterio profundo y de la atmósfera
interior que se desarrolla en toda su obra literaria.
Esa dimensión descomunal de la geografía y de la literatura
está ahora al alcance de la mano de muchos colombianos y extranjeros.
No se trata de las playas masificadas, que son apenas una expresión
en arena del estrés de las ciudades. En el Tayrona la naturaleza
es primigenia y libre y se entrega plena con su fuerza y su grandeza. En
buena hora la directora del antiguo Inderena, Margarita Marino de Botero,
tuvo la idea, hace muchos años, de construir una serie de ecohabs
que sin agredir la naturaleza permitieran el asentamiento de un núcleo
turístico, limitado y regulado. Y en buena hora, después de
muchos años de olvido, el Estado decidió sacar en concesión
privada y adjudicar a Aviatur, varios Parques Nacionales, entre ellos el
Tayrona.
Entonces surgió lo que es hoy la oportunidad turística de
alto nivel más fascinante de Colombia. El mayor confort, el buen
gusto, todo perfecto, discreto y organizado, allí en pleno corazón
de un Parque Nacional, entre la naturaleza más auténtica y
bravía de Colombia.
En cada ecohab se disfruta la comodidad y el refinamiento de un hotel de
gran lujo. Entre las montañas, bajo o sobre el dosel de la selva
y para disfrutar en intimidad, si se quiere, o para socializar con unos
pocos, sin nada de multitudes, en las playas de ensenadas, en los caminos
bajo la floresta, en la exploración de laberintos entre los bosques,
o desde las gigantescas rocas hacia las playas abiertas.
Se puede vivir la quietud contemplativa en la zona de los ecohabs. Pero
también la aventura. Por ejemplo, 45 minutos de travesía a
pie bajo la selva hasta la zona de Arrecifes. Es el camino del silencio,
entre la penumbra luminosa del bosque, observando el prodigio de los árboles
milenarios. Y se llega a playas aun más luminosas y bravías
y después a las piscinas de las aguas más transparentes y
mansas. Más allá, otra vez la montaña, las terrazas
indígenas, los vestigios arqueológicos de Pueblito y la visita
a una familia kogui.
Montar a caballo por entre la selva, visitar otras playas y lugares como
las de Neguanje, Cinto o Chengue, bahía Concha, el río don
Diego o la quebrada Valencia, no es simplemente enumerar un inventario de
posibilidades de recreación para cada día de una semana memorable.
Visitar el Tayrona en estas condiciones de comodidad y seguridad es todo
un disfrute de un bien de la modernidad que se prodiga como un viaje a la
naturaleza profunda, sin violentarla ni usurparla. El goce pleno de una
de las regiones más hermosas y auténticas de Colombia. |

Interior de un ecohab en el Tayrona.
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Ecohabs en el Tayrona.
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