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Cada año, seis millones de personas visitan el Museo Nacional de Historia Natural Smithsonian de Washington.
Se lo considera uno de los símbolos del conocimiento científico, básico y especializado, del arte y las humanidades del mundo porque lo integran diecinueve museos y siete centros de investigación y tiene 142 millones de artículos en sus colecciones. Y un colombiano es el director y el responsable de que este fantástico andamiaje funcione sin contratiempos. Se llama Cristian Samper.
Tiene apenas 42 años, estudió biología en la Universidad de los Andes, obtuvo la licenciatura y el doctorado de Biología en la Universidad de Harvard, y en naturaleza y medio ambiente se lo considera uno de los cerebros más lúcidos y dinámicos del planeta. Fue subdirector y miembro del equipo científico del Instituto de Investigaciones Tropicales del Smithsonian (STRI) de Panamá. De 1992 a 1995 se desempeñó como director de la División Ambiental de la Fundación para la Educación Superior de Colombia. Fue también profesor adjunto de Biología de la Universidad del Valle.
Pero en Colombia su logro más descollante y que da una clara muestra de su amor por el país fue la creación de una red de más de doscientas reservas naturales, y el diseño y la puesta en marcha de un programa de educación ambiental aplicado en más de diez mil escuelas colombianas. Además, ayudó a crear el Ministerio del Ambiente en 1993.
En Colombia es un gran heredero de la sabiduría y sapiencia de don José Celestino Mutis, inspirado creador de la Expedición Botánica hace más de dos siglos. Dentro de otros doscientos años, las huellas de Cristian Samper quizá sean tan indelebles como hoy lo siguen siendo las del sacerdote gaditano.
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