El 2010 será un año decisivo para muchos. En los próximos meses se definirán varios procesos que son clave para Colombia y la región.
Empecemos con lo nuestro. El año está lleno de incertidumbre. A estas alturas nadie sabe si la sentencia de la Corte Constitucional permitirá convocar el referendo modificatorio de la Carta y facultará la reelección presidencial en Colombia para más de dos períodos consecutivos. Tampoco sabemos si habrá tiempo suficiente para organizar el referendo en caso de que la Corte falle positivamente. Ni siquiera sabemos si, convocado el referendo, se obtengan más de siete millones de votos que lo aprobarían. Y para colmo de desgracias, tendríamos que enfrentar casi un semestre entero concentrado en las votaciones parlamentarias, presidenciales, y el referendo.
Lo único seguro es que el período electoral será intenso, desgastante y muy polarizado. La opinión pública está cansada de la tensión institucional de los últimos meses, y las opciones que ofrecen los partidos políticos no parecen renovadoras. La política está centrada en la figura de Álvaro Uribe, su dominio aplastante sobre las instituciones y su incuestionable popularidad. Como bien decía un comentarista político: “Uribe no tiene manual de instrucciones”. A pesar de las múltiples interpretaciones, nadie sabe realmente lo que piensa hacer. Incluso podría obtener el respaldo popular en el referendo y no ser candidato presidencial. Esto demuestra la magnitud de la incertidumbre que estamos enfrentando. ¿Uribe se posesionará el 7 de agosto? En este campo no me atrevo a pronosticar nada.
Otra incógnita es Venezuela. Algunos estiman que Chávez está entrando en su fase terminal y que falta poco para que su modelo se derrumbe. La crisis interna es casi total con una economía semiparalizada, problemas en el suministro de bienes y servicios elementales, controles de precios y libertades restringidas. Pero el precio del petróleo ha vuelto a subir, lo que le brinda un oxígeno financiero adicional, que estaba necesitando con urgencia. Chávez tiene elecciones legislativas en septiembre y hará todo lo que esté a su alcance para no perder el control del Congreso que ha aprobado todos sus proyectos, aun los más absurdos. La oposición venezolana sigue sin poder articular un programa alternativo coherente, renovador y no revanchista. ¿Estamos en el final de la pesadilla chavista? La verdad, no tengo ni idea.
Está el tema económico. El cierre de 2009 fue mejor que el primer semestre. Parece como si los nubarrones de la crisis internacional se estuvieran disipando. Pero los problemas reales subsisten y están lejos de resolverse. El grado de endeudamiento de los Estados Unidos es colosal y lo mismo sucede en las grandes economías europeas. |
Sabemos quién va a pagar esa deuda: los contribuyentes. Lo que no sabemos es cómo ni cuándo pasarán la factura. Leo y leo informes económicos contradictorios. Los expertos se dividen entre los que creen que vendrá un repunte de la economía y los que piensan que en el segundo semestre tendremos una recaída de la actividad económica mundial. El dólar pinta débil a escala internacional pero podría subir en Colombia por la presión que generan la incertidumbre política y la necesidad del Gobierno de financiar nuestro creciente déficit fiscal en un año electoral de fuerte gasto. ¿Salimos de la crisis? La verdad es que la confiabilidad y respetabilidad de los pronósticos de nosotros los economistas están muy en entredicho.
En Estados Unidos tampoco la tienen nada fácil. El desgaste político de Obama en su primer año ha sido considerable. Poco a poco las promesas iniciales de cambio se ajustan al pragmatismo. Iraq, Afganistán, Pakistán, Palestina e Irán seguirán siendo dolores de cabeza para esta potencia en el plano geopolítico. La economía continúa débil y se tienen elecciones legislativas en noviembre próximo. Si Obama logra superar algunos de sus problemas internos, podrá utilizar su inmenso prestigio internacional para inyectarle optimismo a un mundo que necesita creer en una nueva esperanza. Pero el 2010 también puede ser el año de la gran decepción en la que quede claro a los ojos de los estadounidenses y del mundo que Obama no pudo vencer al Establecimiento, pues los intereses económicos y políticos lo doblegaron. ¿Cuál de las dos situaciones es la más probable? Las dos son posibles.
La máxima socrática [citada en el epígrafe] me cae como anillo al dedo. Pocas veces en mi vida había estado tan inseguro sobre tantas cosas. Creo que vivimos en un momento histórico de enorme inestabilidad. No estamos en una época de cambios sino en un cambio de época. Tal vez sea una señal de que me estoy haciendo viejo y he perdido el arrojo que tenía hace algunos años. O de pronto, como el sabio griego, estoy tomando conciencia de lo poco que entiendo la complejidad que me rodea, lo que me lleva a ser prudente en mis análisis y modesto en mis proyecciones. |