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  La hora del convertible
 
     
 

   
     
 
 
 
 
     
 

Jack Nicholson maneja con los pies la dirección de un Corvette convertible que atraviesa la playa. Lleva unas gafas oscuras y los brazos abiertos y está sentado sobre la cabecera del asiento del conductor. El pie izquierdo de Shirley MacLaine se encarga de acelerar el auto deportivo. Y ambos, Jack y Shirley, protagonizan una de las escenas cinematográficas más memorables de los autos convertibles, con la brisa estallándoles en la cara, el mar a un costado y los problemas abandonados por unos instantes.

Ocurrió en la película La fuerza del cariño, y muchos consideran esa escena una muestra del amor y la libertad, tal como lo vive el que tiene el placer de conducir un descapotable, casi siempre un irreverente al que poco o nada le importa mostrarse en público. Una persona segura de sí misma.

Mafalda definió mejor que nadie a los convertibles. “Es uno de los pocos autos en los que lo importante sigue siendo la persona”, dijo sobre el auto de su familia, un Citroën 2CV artesanal y tierno, con techo descapotable de la especie Targa Top. Con él recorrieron cientos de páginas de historietas con ilustraciones donde aparecen distendidos e inalcanzables y rodeados por un halo soñador como alguna vez lo tuvieron los argentinos.

Historia al descubierto

Y pensar que por economía y diseño, en los albores del automóvil, por allá en 1900, se lo construía sin techo. Después aparecieron modelos con cubierta de lona de operación manual, y hasta mediados de los años veinte fueron los más vendidos. La Segunda Guerra Mundial obligó a muchos fabricantes a diseñar autos sólo para el combate. Tuvieron un nuevo impulso con el Porsche 550 A Spyder que conducía James Dean, y con los bólidos de James Bond que lo podían todo y que siempre se escapaban. Alcanzaron un envión de humor y aventura con el Chevrolet Impala de la primera serie de televisión de Batman, cuando éste era un poco panzón y por ende más humano. Más adelante se hizo a un lado a los convertibles porque se los consideró algo inseguros –lo que se desvirtuó por completo– y un tanto incómodos. Existen marcas a las cuales se las asocia inevitablemente con un descapotable. Fabricantes italianos de Alfa Romeo, Fiat o Ferrari los llaman Spyder y los crean con frecuencia porque ofrecen la misma sensación de volar. La versión del Volkswagen Escarabajo es un ícono de la onda hippie, y el del Mini Morris, de la moda mundial. En cambio el inolvidable Cadillac Eldorado de 1976 padeció una especie de melancolía porque se promocionó como “El último convertible de los Estados Unidos”. ¿Cuál será más recordado: el auto o el eslogan?

Los convertibles volvieron con la fuerza del viento con el New Beetle Cabriolet de 2003. Rememora al Volkswagen Sedán Descapotable y tienen en común el techo de lona, aunque los diferencia el acondicionamiento eléctrico de la última versión. Una vez exhibido en los Salones del Automóvil, apenas llegaron a las calles, pusieron a volar la mente de los adolescentes y de los jóvenes adultos y de las mujeres, pero también de los existencialistas que imaginan un mundo mejor. Un New Beetle Cabriolet es el modelo perfecto en estos días de verano: es la hora del convertible.
 
 
     
 

 
 
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