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Desde hace varios años hay prácticamente un consenso científico universal sobre el hecho de que el cambio climático es una realidad y que la causa es la emisión de gases de efecto invernadero (GEI) como resultado de la actividad humana. Sin embargo la posición oficial de varios gobiernos, como los Estados Unidos, China y Australia, era la de explicar las alteraciones recientes del clima como parte de la variación climática normal que se presenta de año en año y denominada variabilidad climática.
Esta posición sólo es explicable por temor a las implicaciones económicas y probablemente por la convicción de que era posible desarrollar una solución tecnológica en un plazo corto.
En 1994 la mayoría de los países firmó la Convención Marco de las Naciones Unidas Sobre Cambio Climático, con la intención de cooperar para mantener el fenómeno bajo control. Sin embargo cuando años después se negoció el Protocolo de Kyoto asignando compromisos de reducir las emisiones de GEI, casi no se logra suficiente respaldo para que entrara en vigor. La razón es que la Convención y el Protocolo parten de que la responsabilidad aunque compartida es diferente, pues hay una responsabilidad histórica de aquellas naciones que han emitido más GEI en el pasado. Esto explica por qué los países en desarrollo no tienen compromisos de reducción de emisiones de GEI aunque hoy sean grandes emisores, como China. Asumir los compromisos de Kyoto implica costos y restricciones al crecimiento industrial para las naciones desarrolladas y una ventaja competitiva para las naciones en desarrollo que todavía no tienen compromisos.
La evidencia sobre el calentamiento del planeta es
incontrovertible. Los glaciares del mundo pierden entre 50 centímetros y un metro de profundidad cada año.
Por esta razón un número importante de naciones se negó a firmar el Protocolo de Kyoto y respaldó públicamente su posición argumentando la supuesta falta de evidencia concluyente. Este motivo varió a partir de febrero del presente año cuando el Panel Intergubernamental de Cambio Climático (IPCC) se reunió en París para revisar y adoptar el documento Cambio Climático 2007: La Base Científica Física (http//www.ipcc.ch/SPM2feb07.pdf), en el cual se evidenció científicamente que las actividades humanas en gran medida modifican la química de la atmósfera y por lo tanto el clima.
El IPCC está formado por delegaciones oficiales de científicos de más de 110 naciones del mundo que se reúne regularmente para revisar los avances de la ciencia del cambio climático y adoptar conclusiones por consenso. Esto hace que los documentos aprobados sean respaldados oficialmente por los países que enviaron delegación.
Huracán Katrina, 2005
En la última reunión sorprendió la posición de la delegación de Estados Unidos que no sólo aceptó el calentamiento de la Tierra como una realidad sino que además se mostró interesada en enfatizar la responsabilidad humana en ese proceso. Otros países como China y Australia también adoptaron el documento. Esto permite esperar un fuerte cambio de actitud política internacional haciendo que todos los países adopten medidas responsables, aunque no necesariamente el Protocolo de Kyoto.
Evidencias
Cuando la energía de la luz del Sol llega a la superficie de la Tierra, una parte es reemitida hacia el espacio exterior en forma de ondas infrarrojas, pero no todas logran atravesar la atmósfera sino que regresan a la Tierra y contribuyen a que nuestro planeta tenga una temperatura adecuada para la vida. En otras palabras, la atmósfera tiene un efecto similar al de un invernadero. Algunos de los gases que se producen como resultado de la actividad industrial se acumulan en la atmósfera y fortalecen su capacidad de actuar como un invernadero y por ende aumentan la temperatura del planeta. Los tres gases que más contribuyen al efecto invernadero son el dióxido de carbono, el metano y el óxido nitroso.
De manera similar que en la arqueología, las capas profundas de hielo de los polos y glaciares tienen información sobre el pasado, en particular sobre la composición de la atmósfera. Utilizando esta información, ahora tenemos la certeza de que las concentraciones de gases efecto invernadero en la atmósfera de hoy son las mayores que haya tenido la Tierra por lo menos durante los últimos 650.000 años.
Esto es muy diciente si consideramos entre otras cosas que la especie
humana apareció hace alrededor de cien mil años. Ésta es la prueba de
que el hombre está alterando la estabilidad del planeta.
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Como resultado de esto, la evidencia sobre el calentamiento del planeta
es incontrovertible. Los glaciares del mundo pierden entre 50
centímetros y un metro de profundidad cada año. En el caso del nevado
de Santa Isabel en Colombia perdemos un metro por año y hoy tiene 25
metros de profundidad en el sitio más alto.
Desde 1960 el nivel del mar aumentó en promedio 1,8 milímetros anuales, mientras que en los últimos diez años viene aumentando a 3,1 milímetros anuales. Por otra parte durante los últimos cincuenta años la temperatura promedio de la superficie terrestre aumentó 0,65 °C, y no puede ser coincidencia que a partir de 1995 prácticamente todos los años hayan sido los más calientes de la historia.
Los impactos futuros
El IPCC respaldó el hecho de que inclusive si se detuviera la producción industrial súbitamente, el planeta se calentaría casi medio grado centígrado más durante los próximos treinta años debido a que los gases efecto invernadero tienen una vida larga en la atmósfera, algunos hasta de cien años. De manera que la pregunta del siglo es si podemos mantener el cambio climático bajo control con el aumento de la temperatura en niveles que no amenacen la estabilidad del planeta, ya que definitivamente no lo podemos detener. El consenso científico se acerca a decir que ese límite de estabilidad es de solamente ¡dos grados centígrados más!
Los impactos del cambio climático dependerán totalmente de las decisiones políticas de los próximos cinco años. Los datos avalados por el IPCC muestran que si no se imponen controles efectivos a la emisión de gases de efecto invernadero, en el año 2100 el aumento de la temperatura promedio puede llegar a ser de tres grados y medio, y el nivel promedio del mar puede subir hasta sesenta centímetros. Por otra parte las lluvias se redistribuirán en general, y las zonas áridas y secas serán más áridas y más secas y aumentarán los desiertos y las áreas inhabitables.
¿Reaccionará el planeta?
La adopción oficial de las conclusiones del IPCC de febrero de este año por parte de la mayoría de las naciones del mundo representa un cambio radical. A nuestro juicio dicha actitud refleja la decisión universal no sólo de aceptar los hechos sino de enfrentarlos. Ninguna nación puedo hoy seguir actuando pasivamente después de aceptar públicamente que el cambio climático es una realidad y que es el resultado de la actividad humana. Ya no sería una falta de ética como lo ha sido hasta ahora sino un error político. Esto no quiere necesariamente decir que la reacción de los países desarrollados vaya a ser unificada o por lo menos coherente. Existe la posibilidad de que algunos países actúen de manera independiente, dado que asumir acuerdos universales puede tener implicaciones económicas importantes. De hecho los países en desarrollo, que no son responsables del problema pero que van a sufrir las consecuencias, presionan cada vez más por medidas compensatorias. Estados Unidos ya empezó a actuar de manera independiente; algunos estados comenzaron a introducir fórmulas autónomas de control de emisiones, y se espera que el país asuma una estrategia nacional al respecto.
La gran incógnita es la manera como reaccionarán los países en desarrollo con alto crecimiento industrial como China, India, Brasil y México. Estos son países que están creciendo de manera no muy respetuosa con el ambiente pero que no son responsables del calentamiento pasado y reclaman el derecho a crecer sin las restricciones con las que crecieron los países hoy desarrollados. De nuevo se habla de compensación en forma de transferencia de tecnología y preferencias arancelarias, ¿pero quién será capaz de absorber los requerimientos de China, por ejemplo?
Mientras tanto en países como el nuestro no podemos dormirnos. Es necesario mantener nuestra visibilidad y nuestro poder de negociación internacional y al mismo tiempo prepararnos para enfrentar el cambio climático incluyendo en los planes de desarrollo de mediano y largo plazo los escenarios futuros del clima.
La gran incógnita es la manera como reaccionarán los países en desarrollo como China, India, Brasil y México, que están creciendo de manera no muy
respetuosa con el ambiente pero que no son responsables del calentamiento pasado y reclaman el derecho a crecer sin las restricciones con las que crecieron los países hoy desarrollados.
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