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El planeta mantiene una temperatura promedio de 30 grados centígrados gracias a la capa de gases que cubre la Tierra a la manera del techo de un invernadero. Estos gases que permiten retener el calor, con los años y como consecuencia del desarrollo industrial han aumentado y por tanto aquella capa es cada vez más gruesa, de manera tal que se prenden alarmas en el mundo porque empieza a recalentarse.
Los científicos han identificado que los tres gases que más contribuyen al efecto invernadero son el dióxido de carbono, el metano y el óxido nitroso. Estos son los denominados Gases Efecto Invernadero, GEI. El primero de ellos resulta principalmente de la combustión de petróleo, carbón y gas natural y el cambio del uso de la tierra; los otros, predominantemente de actividades agrícolas y utilización de combustibles fósiles. Esto significa que gran parte de las actividades humanas generan gases efecto invernadero. Esto necesariamente conduce a cambios en la atmósfera, la superficie terrestre y el océano.
Es así como estamos ocasionando un desequilibrio del balance térmico del planeta, es decir un aumento de la temperatura. Los expertos afirman que en el transcurso del siglo XX la temperatura se elevó en 0,6 grados centígrados, lo que condujo a que el nivel de los océanos subiera entre 10 y 20 centímetros aproximadamente.
Estos cambios no son tan simples como tener la sensación de una Bogotá más cálida o disfrutar un poco más de mar en vacaciones o contemplar menos paisajes de nevados. De seguir a este ritmo, las alteraciones de los ecosistemas y las condiciones de vida pueden llegar a ser dramáticas.
Las nuevas condiciones de temperatura y humedad son propicias para el surgimiento de epidemias de dengue y malaria, inclusive en áreas del país que antes no eran vulnerables, como la zona andina. Las nuevas situaciones de clima pueden afectar la producción agropecuaria del país y aumentar la frecuencia e intensidad de eventos meteorológicos extremos generadores de desastres como los fenómenos de “El Niño” y de “La Niña” y los huracanes.
Las actividades económicas que se verán más afectadas por el cambio climático son principalmente las que dependen de recursos naturales, que van desde las actividades agropecuarias, el turismo, la construcción, etcétera.
Particularmente, y aunque los estudios demuestran que en Colombia se emite sólo el 0,25 por ciento del total de los de gases efecto invernadero, nuestro país es muy vulnerable al cambio climático. Los científicos en un documento técnico denominado Primera Comunicación de Cambio Climático para Colombia, establecen seis proyecciones para el 2050:
1. Aumento de la temperatura media anual del aire, entre 1 °C y 2 °C en el territorio nacional.
2.Ascenso del nivel del mar de aproximadamente 40 centímetros en la costa Caribe y de 60 centímetros en la costa Pacífica.
3. Variación de los regímenes de lluvias. En algunos sectores puede llover más y en otros menos en comparación con los promedios históricos.
4. Se prevé que el 78 por ciento de los nevados y el 56 por ciento de los páramos desaparezcan y afecten la biodiversidad nacional y el abastecimiento de agua pues los páramos son el reservorio líquido más importante.
5. El 24,6 por ciento del litoral Caribe y el 28,9 por ciento del litoral Pacífico estarán amenazados por eventuales inundaciones marinas, lo cual no significa que desparezcan nuestras costas.
6. Los corales del Caribe disminuirán, y se afectarán la biodiversidad y la oferta pesquera, dado que allí se reproduce el 65 por ciento de las especies pesqueras del Caribe.
(Con la asesoría del Departamento de Comunicaciones del Ideam).
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