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  Signos sociales
 
     
 
Con obras líricas y críticas, Johanna Calle ahonda en problemas sociales como la marginalidad y la improvisación. La tinta y el metal son esenciales en la creación de sus dibujos. Estos se exponen del 10 de febrero al 27 de marzo en la Galería Casas Riegner.

   
     
 
 
     
 

Mientras los adolescentes escuchaban a Los Beatles, Johanna Calle iba por primera vez al colegio donde aprendía a escribir bajo el método de la letra cursiva. Debía hacer una sola línea hasta terminar la palabra. Sin saberlo se preparaba para convertirse en una magnífica dibujante, pues muchos años después, en la Facultad de Artes, en una práctica similar le daban las bases para el dibujo. Tal vez desde ese temprano momento encontró en el grafismo una magia especial que le ha servido para señalar los problemas de la sociedad de hoy, tal como se advierte en algunas de sus obras recientes, reunidas bajo el nombre Variaciones, con las cuales investigó diferentes formas de escritura desde los manuscritos epistolares hasta la composición musical pasando por la taquigrafía, y en cuyo proceso de producción ha incluido materiales no convencionales como el alambre.

Observar su obra, de impecable factura, permite al espectador encontrar esa gran ambivalencia expresada en el metal, pues con los alambres hace referencia a los trazos taquigráficos, representados con el método Gregg que siguen la inclinación de la escritura corriente. “Esa taquigrafía tiene una estructura de texto, aunque no puede ser leído por quien no la aprendió. Se trata de líneas que apuntan a una disposición fluida. Me interesa el texto caligráfico y me apego al concepto de Borges sobre el lenguaje, al que calificaba como algo sucesivo. Es ahí donde veo una profunda unión con el dibujo”. Esos signos taquigráficos realizados con alambres encontrados con los cuales creó un tríptico, tienen para la artista una estrecha relación con los mensajes cifrados. “Son como la huella de la escritura de alguien para ser interpretada por otro”. Esta creación, llamada Fonetos, apunta a la posición de la mujer a lo largo de la historia. “El método de taquigrafía Gregg, tan popular en la década de 1950, era una de las pocas actividades a las que se acogían las mujeres. Me parece importante señalar cómo ese tipo de actividades siguen siendo subyugadas”.

La artista permite al espectador descifrar sus planteamientos no sólo por los signos de taquigrafía sino también del género epistolar con el que expresa la angustia y la violencia de diversas regiones del país mediante las Cartas de la persistencia, resultado de una convocatoria nacional a la cual respondieron más de cinco mil colombianos de distintas zonas del territorio nacional, estudiadas desde diversos ángulos de la cultura. Ella fue una de las artistas escogidas para crear una serie de obras basadas en aquellas singulares misivas.

“Recuerdo por ejemplo una carta en la que se leía que se estaba matando incriminadamente, palabra que no existe pero en la cual se vislumbra la situación que vive el país”. Esa serie realizada en 2008 y mostrada no sólo en Colombia sino también en la VII Bienal de Mercosur (2009), ha sido un poco el talón de Aquiles para obras más recientes en las cuales se advierten varias posibilidades de interpretación, como Movimientos, que recrea el electroencefalograma, la exploración neurofisiológica basada en el registro de la actividad cerebral en diversas condiciones –reposo o acción– y se vuelve concreto el pensamiento, y que en ocasiones evoca la música y los pentagramas, que también ha investigado y recreado Johanna Calle. Sin embargo, la artista no se queda sólo en la forma ni el contenido.

Ella ha usado elementos como signo de su trabajo, tal como se percibe en Adiós a Bogotá, la última creación del maestro Luis A. Calvo antes de irse para Agua de Dios. Para ello usó unas agujas odontológicas que convierte en símbolo. “Escogí la obra escrita por uno de los más destacados compositores de su tiempo, que estaba apenas empezando a ser reconocido. Tenía 32 años cuando le detectaron la enfermedad que lo llevó al destierro. Esto se advierte no sólo en la música sino también en la partitura de esa danza para piano tan emotiva. Me pareció que la pieza, de un origen tan doloroso, debía ser realizada con aquellas agujas dentales que cuentan con un nudo de acero muy fino y que me remitía a los pentagramas. Hice una transcripción de la pieza musical creada en 1916 y reemplacé la tinta como nota y como pentagrama”.

Para crear sus obras relacionadas con los mapas de los sectores informales de Bogotá, escogió la tinta. “Me interesaba ese desorden aparente, su irregularidad, la inestabilidad del terreno, la informalidad del sistema y del tipo de trabajo que consiguen los protagonistas, la mayoría niñas que se hacen cargo de sus hermanos y de toda su familia”.

Una vez más, Johanna Calle toca temas de la realidad y se refiere a hechos que son parte de nuestra historia. Esos temas se exponen hasta el 27 de marzo en la Galería Casas Riegner.
 
 
     
 

 
 
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