| |
Turismo
|
|
| |
La isla de Hemingway
|
|
|
| |
|
|
| |
El extremo sur de los Estados Unidos es una pequeña isla de la Florida, de rica actividaad cultural, y arquitectura colonial. Key West, hogar de pescadores, artistas y hippies y destino de miles de turistas que huyen de la rifa de la frñia vida del norte. Crónica del de un camino.
|
|
|
| |
|
|
| |
|
|
| |
|
|
| |
Las calles del centro histórico de Key West quedan desoladas a las seis de la tarde. Ese toque de queda inefable es dictado por la naturaleza que a esa hora transforma el Sol en una inmensa esfera naranja que cubre el cielo y el océano y crea una atmósfera multicolor que hipnotiza a quienes esperan sentados en la playa para ver uno de los espectáculos más sobrecogedores: el atardecer en el extremo sur de los Estados Unidos.
Mientras el Sol se oculta en el horizonte, la mayoría de los turistas agolpados en los balcones del Hotel Colonial Hyatt se abrazan y se besan. Es extraño ese repentino arrebato romántico que produce el atardecer en Key West. El ambiente de película rosa lo confirma una joven pareja de recién casados que camina con ramos de flores en sus manos y saluda desde un viejo muelle de madera situado en el otro extremo de la playa. Así es el atardecer que ofrece Key West a los turistas.
Para los nativos, ver el atardecer en su isla es un acto más solitario y espiritual. Es un ritual que se repite día tras día, lejos de la algarabía y las luces de las cámaras. Se los ve ahí parados en los muelles con sus cañas de pescar y su estampa de curtidos navegantes, y a las mujeres con su aspecto hippie y sus largos vestidos de algodón blanco y sandalias de cuero…
Existe un gesto casi imperceptible que se dibuja en el rostro de todas las personas cuando llega el atardecer: una sonrisa contenida causada por la extraña y contradictoria sensación de paz y melancolía que se siente cuando se extingue la luz en el mar y llegan la noche y la fiesta del jazz, el ron y los habanos que iluminan la ciudad.
Key West es el lugar que todo viajero aspira a encontrar alguna vez en la vida. Es un paisaje demoledor por su belleza que indica el final de un camino, de la búsqueda del paraíso en el que todos aspiramos a envejecer. Los mejores y más nobles pensamientos del ser humano salen a flote mientras el sol se hunde frente a esa postal del océano Atlántico.
MAR DE ACTIVIDADES
En el norte de los Estados Unidos se vive uno de los inviernos más crudos de los últimos cien años. La mitad del territorio permanece sepultado bajo la nieve, los aeropuertos han clausurado sus operaciones, y Miami, conocida como la Capital del Sol, parece ahora una ciudad escandinava y los reptiles que merodean los parques amanecen congelados en las mañanas. En Key West el invierno se siente como una brisa tibia aunque el cielo se mantiene con un sol pleno y sin nubes.
Por eso en cada invierno miles de personas huyen hacia la esquina caribeña de los Estados Unidos. Desde los primeros días de diciembre se observan las inmensas caravanas de turistas en camionetas y casas rodantes. Otros llegan en avión al aeropuerto internacional situado en el centro de la isla, y los más aventureros arriban a bordo de sus motos Harley Davidson.
La única vía de acceso entre el continente y este archipiélago de 1.700 islas es la US1, particular autopista montada en 42 puentes de concreto sobre el océano Atlántico y el Golfo de México. Corre paralela a la antigua vía del ferrocarril construida por el ingeniero Henry Flager en 1912. Los viejos puentes de madera que sobrevivieron a la furia de los huracanes que azotan el sur de la Florida son ahora utilizados como senderos peatonales y miradores.
El tren Flager fue la obra que catapultó a Key West como un lugar próspero y refugio predilecto de los más importantes intelectuales y millonarios de los Estados Unidos a principios del siglo pasado. Gracias a las industrias del tabaco y de la pesca, Key West fue en esos años la ciudad con el mayor ingreso per cápita del país. Su condición pacífica y paradisíaca también cautivó a poetas y escritores como Tennessee Williams, Ernest Hemingway y Robert Frost, quienes vivieron en la isla durante los períodos más productivos de sus carreras, y a estadistas como el presidente Harry Truman, quien construyó su casa en Front Street, lugar al que hoy se le conoce como Little White House.
La arquitectura del centro histórico ofrece el mejor testimonio de la rica historia que atesora la isla descubierta por el explorador español Ponce de León, quien en un principio la bautizó Cayo Hueso pero que en 1821, bajo la jurisdicción de los Estados Unidos, fue rebautizada Key West.
Las calles rectangulares y las construcciones victorianas dominan el paisaje de la ciudad: antejardines coloridos, fachadas de madera color pastel, cubiertas inclinadas, balcones, recibidores, balaustradas… Del valioso patrimonio arquitectónico que se conserva en la isla se destacan las edificaciones situadas a lo largo de la sobria Whitehead Street (el Museo Hemingway, el Museo del Faro), y las múltiples casas
transformadas en galerías de arte, restaurantes, cafés al aire libre y almacenes que colman la bulliciosa Duval Street. La iglesia Saint Paul´s de Fleming Street y el cementerio de Angela Street son los recintos religiosos más visitados de la isla.
Los alrededores de Key West también ofrecen un variado repertorio de actividades. En cada mañana parten del muelle histórico diferentes tipos de embarcaciones con rumbo a El Parque Natural Dry Tortugas, 70 millas al oeste, considerado uno de los puntos de pesca y buceo más importantes del Caribe. Allí
se encuentra el famoso Fuerte Jefferson, edificación de forma hexagonal construida en 1826 para contener los continuos ataques de los piratas de la época.
La isla parece vibrar a toda hora. En cualquier esquina se puede disfrutar de conciertos de jazz, obras de teatro, catas de vinos, exposiciones de arte y festivales gastronómicos. A pesar del invierno, en las playas siempre se encuentran cientos de niños que enceran sus tablas de windsurf, dultos que alistan su equipo de buceo y ancianos que organizan los anzuelos y las cañas de pescar. En Atlantic Boulevard –la vía que bordea la playa– una multitud se desplaza en bicicletas, patinetas, patines y motos.
Pero toda esta hiperactividad se paraliza a las seis de la tarde. Sentado junto al monumento que marca el extremo sur de los Estados Unidos, un cubano le dice a su mujer: “¿Sabías que acá estamos más cerca de La Habana que de Miami?”. Eso puede ser técnicamente cierto (La Habana se encuentra a 90 millas y Miami a 150 millas). Pero en la práctica, el hogar de este cubano y de su esposa y de muchos otros latinos que a esta hora vemos expirar la tarde se encuentra separado por un mar plagado de guardacostas que blindan contra el subdesarrollo al Primer Mundo. Esa es la parte melancólica que arroja el atardecer de Key West: saber que el hogar y las personas que uno quiere se encuentran tan lejos y tan cerca.
LA CASA-MUSEO DE ERNEST HEMINGWAY
La Casa-Museo del escritor y ganador del Premio Nobel de Literatura Ernest Hemingway se encuentra en el número 907 de la Calle Whitehead. El horario de atención al público es de 9 a. m. a 5 p. m. todos los días. El valor de la entrada es de 12 dólares para adultos y 6 para niños. La casa, construida en 1851, fue la primera residencia de la familia Hemingway. Los muebles del interior son los mismos que usaron el escritor y su esposa Pauline. La habitación del novelista se encuentra decorada con muebles de estilo español del siglo XVII, un gato de cerámica regalado por Pablo Picasso a Hemingway en París y una cama estilo Kilimandjaro con postes de madera que terminan en un huevo de avestruz. En el estudio se conserva el Mombassa Buffet, una pieza fabricada de mimbre, cuero y madera, un sofá metálico, un escritorio de madera teca, tres máquinas de escribir y diferentes obras de arte con referencias al mundo taurino que tanto fascinó al escritor norteamericano. |
|
|
| |
|
|
| |
|
|
|