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Made in California
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¡Vaya contraste el del estado de California! Siendo el destino del cine y del entretenimiento, donde conviven millones de personas que han hecho del cuerpo una religión, es también el lugar que produce una formidable variedad de la bebida de los pensamientos y la tertulia: el vino.
California representa el noventa por ciento de toda la producción vinícola de los Estados Unidos. Posee más de 1.200 bodegas y tiene 1.730 kilómetros cuadrados de vides plantadas. Ofrece una inmensa cantidad de marcas, desde aquellas denominadas boutiques hasta esas otras de dimensiones industriales y de tradición que fueron fundadas hace ciento cincuenta años. Se cultivan más de un centenar de especies de uva, incluidas francesas, italianas y españolas y las nuevas variedades desarrolladas en la Universidad de California.
Historia y geografía se han mezclado para proveer esa numerosa cantidad de marcas de excelente calidad. En el siglo XVIII las misiones españolas plantaron viñedos en los parajes a los que llegaban. Durante la Fiebre del Oro se introdujeron las bodegas de Buena Vista, Charles Krug, Inglenook y los viñedos Schramsberg. La llegada de la comunidad china imprimió un sentido artesanal en cada proceso de elaboración. Padeció las restricciones de la época de la prohibición, que sólo autorizó la bebida para los ritos sacramentales desde 1919 hasta 1933. A partir de la década de 1960 ha vivido un período de expansión en el que ha derrotado en concursos internacionales a marcas de otros países productores.
La topografía y el ecosistema también han hecho lo suyo. Las regiones son atemperadas por los climas mediterráneo y continental, a los que se suman los vientos del desierto y las brisas de las montañas. Estas condiciones ambientales envuelven las cuatro principales zonas de viñedos, tan grandes como Francia y que generan un tercio más de botellas que Australia, otro gigante mundial del vino.
La respuesta a este sinnúmero de variantes, como sólo ocurre en California, consiste en una destreza industrial para elaborar vinos de múltiples calidades, en especial Cabernet Sauvignon y Merlot en vinos tintos, Chardonnay en blancos, y la uva Zindafel de algunos tintos y la mayoría de los rosados. La joya, la niña mimada, es el Cabernet Sauvignon cuya cepa contiene una notable riqueza de taninos que le confiere a la bebida bastante cuerpo y goza de un intenso color.
Una vez llega al paladar un vigoroso trago de un californiano, se disfrutan las bondades de una región vinícola de bebidas afrutadas y muy aromáticas que recuerdan a las moras, las fresas y las frambuesas. En caso de ser un vino tinto, ojalá un Merlot, se destacan la fi nura y el terciopelo de la textura. Si se bebe uno blanco –se sugiere el Chardonnay– se disfruta un caldo elegante con una inolvidable mezcla de sabor a avellana, almendra, miel y limón.
Los vinos de California enseñan la cara más espirituosa de la región tal vez más desenfadada de la Tierra. |
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