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  Carlos Valenzuela, caminos de indentidad
 
     
 
Este arquitecto payanés, uno de los diseñadores más rutilantes del momento, regresó del prestigioso instituto Marangoni con una mirada empapada de vanguardia pero enfocada hacia la creación de un diseño que reinterpreta los valores colombianos.

   
     
 
 
     
 
Tres años atrás, el diseñador Carlos Valenzuela se proyectaba como una figura destacada de la moda colombiana, con una propuesta impregnada de estructuras y llena de contenidos, pensada, precisamente, para hombres desestructurados y alejados de los estereotipos clásicos. Gracias a ello, la marca, y particularmente su tienda en Bogotá, alcanzaron un singular suceso.

El protagonismo que tuvo en la edición 2007 de Colombiamoda le valió ganar una beca directa del reconocido instituto Marangoni de diseño para hacer una especialización de dos años en su sede londinense. Allá fue a dar este payanés de 38 años para enfrascarse en un concienzudo proceso de formación que parece haberlo acercado a una visión más local, tanto en su trabajo como en el derrotero que, a su juicio, deberían tomar el diseño y el arte en el país.

El camino de regreso trajo a un hombre más introspectivo y cercano a un perfil bajo, si se quiere, pero con mucho trabajo, investigación y propuestas, que hacen énfasis en retomar los valores, las costumbres y la historia de Colombia como contenidos fundamentales de su obra.

Hoy, trasplantado al entorno del barrio La Candelaria, donde vive, explora, piensa y realiza, el diseñador prefirió no hacer un regreso estelar, con la reapertura de su tienda incluida, sino que optó por trabajar de forma personalizada con sus clientes, sin duda una apuesta más pausada y en plena cocción.

El Carlos Valenzuela que se viene es diverso: proyecta una línea para mujeres, incursiona en la arquitectura –su profesión– y explora otras formas del diseño.

Viene de Londres pero habla de recuperar la identidad colombiana. ¿Qué lo lleva a esta idea?

El punto importante consiste en rescatar lo que es Colombia, y no sólo respecto del diseño sino de la plástica y las artes. Investigar y ver cómo puede ser aplicada nuestra cultura a lo contemporáneo. Hago mucho énfasis en la historia como un punto de partida y en las culturas indígenas, que tienen algo estético que mostrar. Colombia es un territorio muy grande, con gran riqueza y diversidad, pero eso no se refleja en el diseño porque la mirada está puesta en los modelos europeos o americanos.

¿Cuál es la propuesta, entonces?

Quiero hacerles una invitación a quienes han representado al país en el arte conceptual, gráfico, arquitectónico, musical, a que le den una cabida intelectual a la historia y la cultura del país. Uno puede lanzarse a digerir cualquier tendencia, el constructivismo, el racionalismo, pero desde nuestros elementos.

Eso está pasando en la gastronomía, que está recuperando hierbas olvidadas y semillas perdidas. Quiero realizar talleres con procesos intelectuales y ejercicios que apunten a una vanguardia colombiana. Hay que generar un punto de encuentro para los creadores y los artistas, con la meta de alcanzar una identidad y un sello colombiano. Es no avergonzarse de lo que significa ser colombianos sino sacar partido de serlo.

Existen muchos ejemplos de esto…

Sí. Está gente como Simón Vélez, que ha llevado ese concepto en la arquitectura con guadua. Pintores como Carlos Jacanamijoy, que tiene ascendencia chamánica y plasma una interpretación de la parte espiritual por medio del color. Ninguno de los que participamos en la moda hemos logrado ese nivel hasta ahora.

¿Cómo se articula esto con su propuesta actual?

Quiero darle un tiempo a Carlos Valenzuela para que entienda cómo debe enfrentar el nuevo diseño y las nuevas tendencias. He estado estudiando el arte precolombino,las culturas que estaban en San Agustín, los quimbayas y los calimas, y descubriendo los ritmos de sus construcciones, la matemática interna y la geometría que eran una interpretación del ritmo propio de la naturaleza. Esos conceptos pueden ser el chasis de cualquier obra de arte.

Usted regresó en 2009 y no abrió un espacio comercial, ¿cómo está trabajando?


La marca se vuelve más exclusiva, si puede decirse así, pero no elitista. Como perdí el contacto comercial al cerrar la tienda, he depurado la base de datos y estoy trabajando con muchos clientes que de alguna manera son mis maestros, quienes me van a ayudar a entender hacia dónde voy y a definir el perfil de la marca. Así estoy más cerca de los clientes y de su psicología.

¿Cómo es y cómo se viste el hombre colombiano?


Es aspiracional, está pendiente de sus ídolos y los imita. También es machista, y esto ha secuestrado su libertad y lo ha llevado a adoptar estilos y actitudes: usa rosarios de oro o relojes costosos. Creo que también debe hacer un aprendizaje, entender qué es Colombia y qué significa verse como colombiano. Un ejemplo consiste en resignificar una prenda como la ruana a través de un ejercicio de intervención, con solapas y botones de paño, con otras dimensiones; otro caso es el sombrero, cuyo uso se perdió y su industria no ha tenido una renovación.

¿Habrá ropa de Valenzuela para la mujer?

Sí, voy a hacer una línea femenina, pero con un estilo particular, que aparte de ser femenina logre un lugar nuevo en el mundo por su parte intelectual y fuerza moral. Quiero vestir a una mujer que se le mide a ir al campo para hacer una mediación entre el gobierno y la guerrilla: mujeres de armas tomar y comprometidas.

Quiere abarcar otras áreas del diseño...

La escuela por la que yo pasé fue la de arquitectura. El diseño de vestuario lo hago empírico, desde el colegio y desde que soy un ser con criterio. Creo que todas las artes, como la pintura, la música o la arquitectura, tienen el poder de influirse entre sí y potenciarse. Y al mismo tiempo, un mismo concepto puede expresarse e interpretarse desde cualquier disciplina. Cuando uno es diseñador de arte, de vestuario o de paisajismo, debe encarar ejercicios con las técnicas de otras expresiones. En cuanto a la arquitectura, está en el tintero un proyecto en el centro de Bogotá, que realizaría junto con un arquitecto bogotano, y que será muy contundente. Igualmente estoy trabajando arquitectura de interiores. La idea también es rotar en ese arte
 
 
     
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