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Teatro
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Las sorpresas de Laura
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Una de las actrices insignes del teatro y la actuación habla de su quehacer, revela sus gustos personales y la fórmula para su bien ganada vigencia. Además, confiesa lo que piensa de la sexualidad, la felicidad y los hombres.
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Fotografía: Sindy Martinez |
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Un encuentro con Laura García no es un asunto sencillo. Su aproximación física es contundente, el apretón de manos, fuerte, y la mirada, un caudal intenso y lleno de expresión.
No rompe el hielo, lo hace trizas. Su conversación está salpicada tanto de un humor mordaz, desparpajado e inteligente como de refl exiones trascendentes, cargadas de la autoridad y la sapiencia que le dan todos sus anos sobre las tablas; tanto ser y quehacer en el teatro y en la vida.
La charla se da a manteles en un restaurante de cocina italiana. Cede elegantemente la elección del vino, y a pesar de preferir el blanco acepta con agrado un tempranillo joven e inquieto. Elige un fi lete de ternera banado en salsa de queso y comenta el gusto por su último descubrimiento, un whisky americano, un bourbon de carácter, muy emparentado con la memorabilia de las estrellas de rock.
En términos dialécticos, Laura ataca ágilmente y sabe retroceder con habilidad; por un momento, cambia papeles con el entrevistador e interroga. Al fi n, se entrega al placer de la conversación. Y es generosa.
“Hace unos cuatro años tomé la decisión de que voy a dejarme sorprender por la vida y abrirla a lo que sea. Hubo un momento en el que sentí que me estaba aburriendo. Pero .cómo se me iba a acabar la imaginación y toda posibilidad de gozo! La vida tiene que ser como esta copa, hasta aquí está llenita, y desde aquí, desocupada, a ver qué es lo que llega, qué es lo que sucede”, dice Laura, subrayando que no se trata de ninguna cháchara de la nueva era, sino de las conclusiones a las que ha arribado con el tiempo y la experiencia.
La cuestión es que la fórmula le parece estar funcionando. En 2009 recibió dos premios como mejor actriz por su interpretación de un travesti en la cinta colombiana Buscando a Miguel (Juan Fischer, 2008): en el Big Apple Latin Film Festival de Nueva York y en el Festival de Cine de Beijing.
Y en 2011 su impronta dramática llegará a la televisión: la podremos ver en otra película colombiana, e infaltable, nos seguirá regalando más de su interpretación teatral.
En la pantalla chica –en la que interpretó su segundo protagónico allá por 1980–, encarnará el papel de una fiscal, la contrafi gura de la historia en la serie Correo de inocentes.
También integra el reparto de la película colombiana Lecciones para un beso, ópera prima del director cartagenero Juan Pablo Bustamante, de inminente estreno, y cuyo guion fue apadrinado por el propio Gabriel García Márquez, quien llevó al texto y a su autor a un taller de guion dictado por el Nobel en la Escuela de Cine de San Antonio de los Banos, en Cuba.
Y en teatro regresará a los textos de Gabo, a quien la une el hilo invisible de sus trabajos como Úrsula Iguarán, en La casa, o Graciela, la esposa que explota en Diatriba de amor contra un hombre sentado. Esta vez volverá a ser la abuela desalmada de La cándida Eréndira, con la que subirá a escena en Washington, durante febrero próximo, dirigida por Jorge Alí Triana y con la actriz Paola Baldión en el rol de la nieta víctima. Y aunque sin fecha confi rmada, producirá, dirigirá y protagonizará la puesta en escena de El león en invierno, una obra basada en la historia de Leonor de Aquitania y Enrique II de Inglaterra, y que conmovió a Laura a sus catorce anos de edad, en la versión cinematográfica interpretada por Katherine Hepburn y Peter O’Toole. Es un sueno largamente construido, nacido en las salas de cine en las que se cimentoÅL su vocación como actriz.
“Es un personaje maravilloso, una mujer adelantada para su tiempo, que fue a las cruzadas en el siglo XII, y que se quitó la ropa de la cintura para arriba, montada en su caballo, para insuflarles fervor a las tropas. Ya vi a los actores. Se va a montar en el Teatro Julio Mario Santo Domingo y la vamos a hacer con un actor maravilloso que se llama GermaÅLn Jaramillo, quien además fue mi marido durante doce anos”, anuncia.
EL OFICIO Y LA VIDA
La cena llega a los postres, que ciertamente no se concretan, pese a que Laura anuncia ampliamente su deseo de comer algo dulce. Al mismo tiempo, las palabras buscan otras definiciones, más personales. “La pareja muchas veces se establece a partir de un cierto contrato. Y resulta que yo, en estos momentos, estoy sin contrato. Es decir, que soy un trabajador independiente”, suelta y remarca con una carcajada franca.
“Ser es más difícil que recordar o proyectar”, dice ella, que enfrenta el paso del tiempo con una filosofía particular.
“Si yo me diera el lujo de revelar mi edad, aquellos que piensan en mí de pronto van a dejar de hacerlo, y los que no piensan en mí van a empezar a pensarme, .y eso sí que no!”, Laura celebra su comentario con otra imponente carcajada, y el apunte y el gesto, claro, la pintan de cuerpo entero.
Al final de la cena invita a estirar el diálogo en su casa, donde se hacen incesantes las definiciones y las ideas que esta mujer guarda y tiene sobre cada cosa de la vida. Allí la rodean una biblioteca generosa, la música que la cautiva, el arte y más y más anécdotas. Surgen opiniones sobre la política de Álvaro Uribe o el libro de Ingrid Betancourt; menudean historias como la del público chino, que al parecer no quedó convencido de que Laura, además de una soberbia intérprete, es una verdadera mujer. La actriz se presenta a través de sus ideas, algunas tan originales como plantear que las EPS y las empresas de medicina prepagada deberían cubrir un servicio social que procurara satisfacer, a partir de cierta edad, la sexualidad de sus afiliados. “Es algo tan fundamental y sano como el agua que bebemos o el pan que comemos. Tan importante como la educación, el arte y la recreación. Habría menos violencia si todo el mundo anduviera por ahí con sonrisa de orgasmo”, dice.
Al final, descubre su costado más íntimo, el de la mujer que conoce sus urgencias y las expresa con claridad. “Con el tiempo una se vuelve mucho más desapegada de aquello que no es esencial, .hasta del amor de un hombre! Antes siempre tenía a mi lado a un hombre. Si no, me sentía incompleta. Y algunos me amaron o descifraron mejor; otros, menos; otros, nada. Por eso ahora no me voy a poner a babear por un candidato de ligas menores. Si alguno llegara a perturbarme y está lleno de defectos soportables, debe ser brillante en lo que hace y veraz en lo que dice, amable, imaginativo, sensible, ancho de ideas, elegante en su discurso, tolerante, sensual, nada neurótico, ateo, pero sobre todo, con un humor a prueba de ácido muriático. Ah, y si se puede, guapo”.
Una definición y un remate muy de Laura. .Salud! |
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